Una vez tuve una conversación con un hombre alemán sobre la vida en la parte este del país entre los años 1945-89, es decir, en la RDA. El tema de por sí me llamaba mucho la atención, pero lo que más me sorprendieron fueron las conclusiones a las que fui llegando.
Recuerdo que me habló de la sensación más o menos habitual que cualquier ciudadano podía tener en su propio trabajo. Sus palabras aproximadas fueron: "En medio de una conversación tranquila con un compañero a la salida del trabajo, podías pensar: ¿y si en realidad es un espía?" Siempre me han gustado los testimonios históricos aunténticos y personales, pero esta vez no sé si era lo que quería oír. Y quizá no por aquel pensamiento en concreto, sino porque a continuación añadía que tampoco el momento político actual (2004) era mejor, simplemente diferente.
Es cierto que las comparaciones absolutas no existen y que siempre hay ventajas e incovenientes entre cosas diferentes, pero eso me hizo pensar en la facilidad del hombre para apegarse a un sistema o una forma de vida y lo que puede llegar a costarle un cambio. Como ejemplo me puso el de la cerveza: cuando llegaron las grandes marcas de cervezas bavieras a la RDA (Paulaner, Franziskaner...) fue como una revolución. Sin embargo, él contaba que, pasado cierto tiempo, se cansó de ellas y volvió a sus marcas de siempre.
Recuerdo que se acercó a hablar con nosotras tras verme coger el periódico Frankfurter Allgemeine (en el que encontré una interesante encuesta que reflejaba cómo la mayoría de los alemanes occidentales no veían justo contribuir económicamente también ellos a la reconstrucción de la parte oriental) lo cual, según dijo, le había sorprendido bastante.
También recuerdo que casi al final de nuestra conversación intentó insinuarse y me dejó su número de teléfono escrito en uno de los posavasos de nuestras cervezas. Esto no me agradó demasiado, sobre todo por su edad y también porque pensé que nuestra conversación había tenido sentidos muy diferentes. Sin embargo, siempre que leo el nombre completo de Mozart, entre una extraña mezcla de melancolía y compasión, me viene este recuerdo a la cabeza, ya que su nombre también era Wolfgang.
(Foto by Grace, 08-2008)